Sofía sobre la lluvia

21.12.2019

¿Sabéis ese instante antes de llover en el que el aire se detiene y los sonidos se ahogan bajo el agua que aguarda entre las nubes? ¿Sabéis esa sensación de que los segundos se alargan y sólo se escucha el silencio?

Los argumentos se diluyen inhibiendo su significado. Entonces, los sentidos se intensifican y la vida se abre a nuevas experiencias.

¿Sabéis de lo que hablo? Bueno, intentaré explicároslo...

Serían las nueve de la noche, y el día atardecía bastante nublado. Se notaba que el verano ya estaba ahí, aún había iluminación en el ambiente. Segundos antes, el viento golpeaba los árboles con violencia, sacudiendo de verde las últimas horas del día. Ahora acechaba en silencio, sumiendo al escenario en una armonía inusual.

Sofía observaba atenta las nubes que se agolpaban sobre sí, antes de empezar a gotear. Y fue en ese breve instante, en ese eterno segundo del que hablábamos al inicio, cuando imaginó que había dejado de existir, y se abandonó al sonido del aire que acariciaba su silueta. Era un silbido apenas perceptible, una suave brisa instalada en sus sentidos, y de una elegancia suficiente para apaciguar su sollozo.

Seducida por el baile de las hojas a su alrededor, se emocionó al ver semejante expresión de sintonía, y al son de ese espectáculo, acabó brotando una nueva vitalidad en su interior.

En ese soplo de alegría, un golpe brusco la sorprendió intentando escapar a su inexplicable vacío, y sin ningún indicio de que algo así le fuese a suceder, salió volando... Salió volando de una forma que nunca antes se hubiera imaginado, agitando sus grandes alas -siempre agazapadas a la sombra de ese árbol- y asustándose incluso de su ansiada libertad. Bajó la vista para explorar el aspecto de sus sueños, y enseguida vio que ya nada sería igual.

Sobrevoló su vida, sus experiencias sin una forma bien establecida, sus ausencias y su insignificancia, su insoportable levedad... y al llegar a la altura de las nubes, el viento de sus alas se convirtió en agua. Sumergida en esa increíble sensación, saboreó ese instante y deseó que nunca acabase, imaginando una existencia alejada de sí misma.

Entonces, una gota de vida se separó sin avisar, y alcanzando una gran velocidad, acabó golpeando la nariz de una inocente niña de ojos verdes, salpicada de pecas y de sonrisa amable. Su gesto -suplicante de amor- se iluminó unos segundos, a la vez que su mejilla, humedecida por las lágrimas, se vio atravesada por un atisbo de esperanza.

Ella alzó la vista, y sólo alcanzó a ver su reflejo.

¿Sabéis esa seguridad de que el universo seguiría existiendo aunque no estuviéramos ahí? ¿Sabéis esa intuición de que somos un sinfín de sensaciones bajo la ilusión de un yo separado de nuestro alrededor? ¿Sabéis lo absurdo que es seguir buscando un significado a algo que no lo tiene?

Empezó a llover, y en ese instante Sofía entendió algo sin sentido... asombrada -eso sí- de que en esta vida la solución pueda estar en una simple gota de agua.

Sofía sobre la lluvia